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Aquí te pillo, aquí te mato

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Milicia de caballeros quiñoneros, en el valle del Lozoya del siglo XIV, encargados de vigilar los caminos y luchar contra salteadores y maleantes.
Fotografía: Real Monasterio de Santa María de El Paular.

La expresión coloquial 'Aquí te pillo, aquí te mato', se utiliza para describir una actitud o una manera de actuar caracterizada por el deseo de aprovechar la coyuntura sin preparación previa, buscando así un resultado rápido.

Normalmente se aplica a las relaciones sexuales, pero también se usa en otros contextos para expresar una acción precipitada o espontánea. Por ejemplo: 'Todos los tíos van a lo mismo: aquí te pillo aquí te mato, y después si te he visto no me acuerdo', pero también, 'Pasaba por la zapatería y me dije: aquí te pillo, aquí te mato. Entré y me compré los zapatos'.

El origen de esta expresión es incierto, pero podría derivar de situaciones de combate o caza donde la captura y la muerte eran inmediatas. También podría tener raíces en el lenguaje popular y en la idea de la justicia rápida y sin contemplaciones.

En resumen, la frase coloquial "aquí te pillo, aquí te mato" evocaría la imagen de una justicia sumaria, donde la captura y la pena se producían simultáneamente, y se aplica a situaciones donde alguien busca sacar provecho de una ocasión propicia sin dilación.

Así que puede tener su origen en lo siguiente:

Foto tomada en 1977, de vigilantes forestales junto a la desaparecida 'Casa de la Horca', que estaba situada en donde actualmente está el Mirador de los Robledos y el monumento a la Guardería Forestal.
La desaparecida 'Casa de la Horca'

En el siglo XIV, el Valle del Lozoya era refugio de bandas de ladrones y proscritos moriscos que hacían difícil la vida en los pueblos de dicho valle.

En aquellos tiempos, para una mejor administración, se dividió el Valle en 4 partes o quiñones, y se creó una milicia de caballeros quiñoneros, obligados a tener un caballo propio medianamente decente y organizados en 4 cuadrillas, una por cada quiñón (Rascafría, Oteruelo, Alameda y Pinilla). Se encargaban de vigilar los caminos y luchar contra salteadores y maleantes.

Para mayor eficacia se les concedió el importante privilegio de “horca y cuchillo“, es decir, la capacidad de juzgar y ejecutar la justicia de forma rápida y expeditiva. Es decir: 'Aquí te pillo, aquí te mato'.

El 'Puente del Perdón', sobre el río Lozoya, justo frente al Real Monasterio de Santa María de El Paular, y que servía a los monjes del monasterio como  vía de acceso hacia el Molino de papel de Los Batanes, una de las principales industrias que explotaban los monjes cartujos de Santa María de El Paular. Como anécdota, de este molino salió el papel con el que se imprimió la primera parte de Don Quijote de La Mancha, publicada en Madrid en 1605.
El Puente del Perdón sobre el río Lozoya

Una vez atrapados, los malhechores eran juzgados y si eran encontrados culpables el castigo era el de morir en la horca, para lo cual eran conducidos sin muchas contemplaciones hacia la desaparecida Casa de la Horca, que estaba situada a unos 7 km río arriba de la localidad de Rascafría., donde serían ejecutados. 

Pero, según la tradición, el preso, al ser conducido a la Casa de la Horca para ser ajusticiado, pasaba al lado del Puente del Perdón donde tenía una última oportunidad de apelar su sentencia.

Si el tribunal aceptaba la apelación, revisando el juicio y encontrando al reo inocente, este recibía el perdón y podía cruzar el puente, quedando liberado. Si su apelación era rechazada, continuaba su trágico viaje hacía la Casa de la Horca, su destino final.


La Santa Hermandad (cuyo uniforme era de color verde) fue un grupo de soldados que Los Reyes Católicos crearon para vigilar los caminos y poblaciones de malhechores y criminales.
La Santa Hermandad

También la frase: 'A buenas horas, Mangas Verdes' se atribuye a la tardanza en aparecer de los miembros de 'La Santa Hermandad', milicia creada por Los Reyes Católicos, y que siempre aparecían cuando ya los maleantes se habían dado a la fuga (sobre esto una de las leyendas sugiere que los miembros de la Santa Hermandad, debido a su uniforme verde, eran fácilmente reconocibles y, por lo tanto, los delincuentes podían verlos llegar desde lejos y huir con tiempo suficiente).

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