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La limpieza en la Antigua Roma

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Cuando la necesidad apretaba y había que ir a un letrina pública no se gozaba de mucha intimidad, ya que no había ningún separador, por lo que las letrinas brindaban una buena ocasión para socializar y compartir opiniones varias

El Imperio Romano destaca por una cultura y unas obras de ingeniería que nos fascinan, pero hay aspectos en que dejaban mucho que desear y uno de ellos es el de la limpieza. Debemos tener en cuenta en lo que sigue que los romanos no disponían de agua en las casas, por lo que que bañarse o aliviar esfínteres eran actividades socializadas, realizadas en compañía, en las termas públicas, en el primer caso, o en las letrinas públicas, en el segundo.

En general podemos decir que, la limpieza era un privilegio de la clase acomodada, mientras que el pueblo llano tenía unas costumbres algunas de las cuales eran realmente asquerosas.



La higiene personal en la Antigua Roma.-

Mientras que en la actualidad, ducharse o bañarse, o 'hacer aguas de cualquier tamaño' son actividades que se realizan de forma privada, no era así en la Antigua Roma, en que estas actividades se realizaban bien acompañados, bien en público. El motivo es que como ya he dicho no se disponía (salvo excepciones) de agua en las casas.

Como ya se ha comentado, el agua que corría por las ciudades, canalizada por acueductos y conducciones, no llegaba, salvo excepciones, a las casas particulares, sino que iba a las fuentes y a los baños y letrinas1Las letrinas que eran uno cubículos situados en la parte externa de las casas y utilizados para 'hacer sus necesidades', es decir, para defecar. Dichas letrinas, habitualmente, no estaban conectadas a ninguna red de saneamiento, excepto las públicas en las ciudades. (váteres) públicas.

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  • La higiene bucal.- La higiene dental era importante en la Antigua Roma, aunque las herramientas y métodos diferían mucho de los actuales. La higiene bucal incluía el uso de mondadientes, mezclas abrasivas como pasta de dientes hecha con cenizas y miel, y el uso de enjuagues con vino o preparaciones herbales. La orina, rica en amoníaco, se utilizaba como agente limpiador. Los romanos también se preocupaban por el mal aliento, combatiéndolo con hierbas y pastillas perfumadas.
    1. Palillos y ramas masticables: los romanos usaban palillos llamados 'dentiscalpia', hechos con madera de lentisco, oro o incluso plumas. Estas herramientas se usaban para eliminar restos de comida entre los dientes.
      Pasta de dientes rudimentaria: elaboraban pastas con cenizas de huesos, cáscaras de huevo trituradas y polvo de conchas marinas. Aunque rudimentarias, estas mezclas tenían propiedades abrasivas para pulir los dientes.
    2. Enjuagues bucales sorprendentes: aquí surge una de las mayores controversias. ¿Empleaban los romanos la orina como enjuague bucal? La orina, rica en amoníaco, era conocida por sus propiedades blanqueadoras y antisépticas, y los romanos la utilizaban en lavanderías y, posiblemente, en la higiene dental. Sin embargo, esta práctica no era generalizada ni aceptada por todos. El poeta Catulo, en un tono mordaz, ridiculizó a quienes la usaban. Atribuía esta costumbre a los celtíberos, lo que sugiere que podía considerarse más una excentricidad regional que una tradición romana común (ver más adelante).
    3. Polvos dentales: además de las pastas, los romanos echaban mano de polvos hechos de cenizas y carbón, a menudo mezclados con hierbas aromáticas, para frotar los dientes y combatir el mal aliento.
    4. Herbolaria: textos de autores como Plinio el Viejo mencionan el uso de hierbas como el tomillo, la mirra y el hinojo, tanto en polvo como en infusiones, para fortalecer las encías y mantener el aliento fresco.

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La orina como blanqueador dental.- Aunque la orina era conocida por sus propiedades blanqueadoras, su uso como enjuague bucal no era una práctica extendida. De hecho, referencias literarias, como las burlas del poeta Catulo, sugieren que esta costumbre era más una excentricidad regional, atribuida a los celtíberos, que una práctica común en Roma.

Los siguientes versos satíricos del poeta Catulo confirman lo indicado:

“… en el país de Celtiberia,
lo que cada hombre mea, lo acostumbra utilizar para cepillar
sus dientes y sus rojas encías, cada mañana,
de modo que el hecho de que tus dientes están tan pulidos
solo muestra que estás más lleno de pis.”



  • Las termas públicas.- Las termas públicas en la Antigua Roma eran complejos de ocio y baño que funcionaban como centros sociales, higiénicos y culturales, abiertos al público en general, especialmente a plebeyos y esclavos que no tenían servicios privados. Estos edificios, que incluían salas de vapor, piscinas, bibliotecas y gimnasios, se decoraban lujosamente y ofrecían una variedad de servicios que iban desde el baño y masaje hasta la lectura y reuniones de negocios, abriendo al mediodía y cerrando al atardecer.
Las termas romanas situadas en la localidad de Bath (Somerset) son un edificio de interés histórico, uno de los más importantes a nivel turístico de Inglaterra. El complejo está muy bien conservado, gracias a lo cual se pueden apreciar muy bien los elementos arquitectónicos presentes en el edificio. Las termas propiamente dichas se sitúan por debajo del nivel de la calle y los edificios construidos a raíz de su descubrimiento se pueden dividir en cuatro grupos
Termas romanas en la ciudad de Bath

Así, tenían una función socializadora pues eran lugares de encuentro para la conversación relajada, el establecimiento de relaciones sociales y comerciales, y la participación en actividades comunitarias. También se realizaban actividades recreativas y culturales, pues contaban con instalaciones como gimnasios y bibliotecas, donde los romanos podían practicar deportes, jugar a la pelota, leer o escuchar conferencias.

Por tanto, eran mucho más que simples baños, transformándose en auténticos centros culturales con gimnasios, bibliotecas, y áreas para comer y pasear. Las termas contaban con estancias específicas como el frigidarium (sala fría), el tepidarium (sala tibia) y el caldarium (sala caliente), y estaban decoradas con frescos, mosaicos y estatuas para crear un ambiente agradable y distinguido.

El acceso era, en principio, de pago con una tarifa modesta, pero los emperadores a menudo sufragaban los gastos para que el acceso fuera gratuito en ocasiones especiales, o para permitir el baño a todas las clases sociales.

Como algo curioso las termas romanas situadas en la localidad de Bath (condado de Somerset) son un edificio de interés histórico, uno de los más importantes a nivel turístico de Inglaterra. Yo que trabajaba al lado (Chippeham) y que he estado en Bath (en inglés Baño) muchas veces, no sabía que la ciudad de Bath era famosa por sus termas romanas.

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Descubre, en el siguiente vídeo,  las termas romanas de la ciudad de Bath (Inglaterra) y su increíble historia.

En el vídeo encontrarás respuestas a preguntas como: ¿Por qué hay unas termas romanas en el sur de Inglaterra? ¿Por qué se consideran las más grandes y las mejores conservadas afuera de Roma? ¿A quién estaban dedicadas y cómo las construyeron?


  • El sistema de alcantarillado de la Antigua Roma, liderado por la Cloaca Máxima, era una avanzada red subterránea para drenar el agua de lluvia y los residuos urbanos, conectada a letrinas públicas y privadas, y que vertía en el río Tíber. Este sistema, uno de los más antiguos y eficientes de la historia, no solo mejoró la salubridad de la ciudad, sino que también se utilizó para eliminar cadáveres y escombros, y se considera un antecedente clave de la gestión moderna de aguas residuales.
    Cloaca Máxima
    Las letrinas públicas.- Las letrinas se encontraban en la vías públicas y cualquiera que necesitara hacer uso de ellas, podía entrar libremente. Otras veces eran una sala mas de los baños públicos. Disponían de un banco, de mármol o de piedra, corrido adosado a la pared, con agujeros separados unos centímetros, y un canal debajo por el que circulaba agua para recoger los excrementos. Las personas se sentaban sobre los agujeros y evacuaban a través de estos. Delante del banco corrido, por otro canal, circulaba agua limpia con el objeto de lavarse.

Para hacer la labor del papel higiénico, se usaba el 'tensorium', que era una esponja marina sujeta a un palo y mojada en vinagre o agua salina, que se usaba para limpiarse después de defecar. Su uso era compartido por varias personas, y aunque se limpiaba con agua y debía ser cambiada cada cierto tiempo, era un foco de infecciones.

Como ya se ha comentado no existía la noción moderna de intimidad; en las letrinas públicas los romanos hacían sus necesidades en espacios abiertos, sentados junto a desconocidos. Al estar las personas defecando unos junto a otros, las letrinas públicas eran lugares con un fin social en que se conversaba e narraban anécdotas y se opinaba sobre temas varios.

Por tanto, al igual que las termas tenían una función socializadora siendo espacios de encuentro cultural, político y de esparcimiento.

Como curiosidad quiero indicar que, como el producto de las defecaciones iba al alcantarillado y este prácticamente solo conectaba estas letrinas públicas, la alta concentración de gas metano producido por la descomposición de la materia orgánica producía explosiones, explosiones que podríamos llamar “explosiones de caca”.

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  • Aguas mayores y menores en las casas.- Tanto en las mansiones de la gente acomodada, como en la humildes casas de la gente modesta, se usaban distintos cacharros a modo de bacinillas u orinales. Quienes disponían de medios económicos, adquirían unas sillas bajo cuyo asiento (horadado) había un recipiente, a modo de orinal, que era convenientemente vaciado por un esclavo tras ser usado.

    En las casa de las gentes acomodadas se disponía de letrinas, similares a las públicas, pero que se diferenciaban en que no usaban una red de alcantarillado, si no una especie de fosa aséptica limpiadas regularmente. Esta letrinas eran para uso de todos los habitantes de la casa, incluidos los esclavos. Normalmente, también se usaban para vaciar las bacinillas usadas por los señores.

    Estas letrinas se ubicaban normalmente próximas a la cocina, muy cerca del fregadero y de la chimenea donde se guisaba, de forma que, el agua que traían desde las fuentes los esclavos, y que se usaba para limpiar la cocina, se tiraba después por estas letrinas



  • El baño en las casas.- Al igual que las letrinas privadas, en las casas de la gente adinerada podían contar con termas privadas provistas de bañeras de agua caliente, templada o fría, y de salas donde tomar baños de vapor o de calor seco, así como recibir masajes o unciones con ungüentos perfumados.

El dispositivo para calentar el agua y las salas se denomina hipocausto. Consistía en un horno de leña cuyo calor se hacía circular bajo un doble suelo de ladrillo sostenido con pequeñas columnas de este mismo material, que absorbía e irradiaba el calor durante largo tiempo. Otras conducciones se alojaban en las paredes de las salas de baño y permitían al humo ascender y crear cámaras de calor.

La disposición de las salas termales estaba estandarizada: al igual que en las termas públicas, se sucedían el vestuario, un baño caliente y salas de baño templado y frío, que podían completarse con instalaciones destinadas al masaje, la lectura o el deporte.

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La limpieza doméstica en la Antigua Roma.-

La familia urbana estaba compuesta por los esclavos que atendían las necesidades particulares y domésticas de los hogares romanos y, que, formaban verdaderas cuadrillas de sirvientes los cuales ejercían labores especificas o cualificadas. En algunos casos, gracias a la proximidad y la convivencia con sus amos, llegaron a gozar de algunos privilegios y ciertas prerrogativas que les permitían obtener prebendas y mantener cierta dignidad o, incluso, autoridad.
Familia urbana en la Antigua Roma

Debo indicar que, aunque en la Antigua Roma, la limpieza tenía una gran importancia, no solo por higiene personal a través de los baños públicos y el sistema de alcantarillado, sino también como un indicador de estatus social y orden público.

En la casas de gente adinerada, que podían disponer de esclavos la limpieza del hogar era realizada por estos, mientras que en las viviendas más humildes, era llevada a cabo por los propios ciudadanos.

El problema más serio de los hogares era el lavado de la ropa, pues, excepto en contadas ocasiones, no existía agua corriente en las casas, por lo que las vestiduras simplemente las remojaban en alguna fuente o manantial, y cuando era necesaria una limpieza de estas, existían los batanes, especie de lavanderías, en donde se empleaban diversas sustancias minerales y vegetales para realizar el lavado, y se garantizaban múltiples aclarados.

Respecto a la limpieza de las casas, y al igual que en la actualidad, se realizaba una limpieza diaria simple que permitía mantener todas las estancias en un estado de pulcritud aceptable, mientras que en las grandes festividades, celebraciones o asistencia de ilustres invitados, se realizaba una 'limpieza a fondo'.

Tampoco existe gran diferencia en cuanto a los útiles usados para realizar las tareas de limpieza. Se utilizabas escobas, paños y esponjas como material de limpieza, y el agua y serrín como agentes con los que arrastrar o disolver la suciedad.

Las escobas se fabricaban con hojas de palmera o tallos arbustivos de especies diversas. Su uso cotidiano pulía y dejaba brillantes no solo los pavimentos de mosaico, mármol, ladrillo o mortero, sino que lustraba incluso los más toscos suelos de arcilla apisonada. Las esponjas eran las marinas, y eran utilizadas para limpiar las columnas y las mesas.

En los pavimentos no porosos, como los suelos de comedores, donde el suelo recibía los desperdicios de la comida, se utilizaba el serrín para absorber grasas y líquidos antes de barrer. Otra técnica frecuente de limpieza en cocinas y comedores fue el baldeo de agua, baldeo que se sigue utilizando en el norte de África.


Nota.- Al no existir agua en la casas, se debía de recoger de las fuentes públicas, y la leyenda que trata sobre la construcción del Acueducto de Segovia, habla de una sirvienta que le ofreció su alma al Diablo, a cambio de que el agua llegase a la parte alta de la ciudad, pues todos los días debía bajar a recogerla en la fuente situada en la parte baja de la ciudad.

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Las tintorerías de la Antigua Roma: las 'fullonicae'.-

Antes del descubrimiento y uso del detergente (principios del siglo XX), limpiar de manchas la ropa era una ardua tarea.

Como las casas romanas no disponían de agua, no se limpiaban las vestiduras en casa, y simplemente la remojaban en alguna fuente o manantial, pero, al no existir detergentes, la limpieza de las manchas era una tarea bastante difícil. Para aquellos que, por cualquier motivo debían vestir de forma impecable, existían una especie de tintorerías, llamadas 'fullonicae', y en que se usaba como detergente una mezcla de agua, orina y cenizas.

En la imagen se puede ver la pila en donde se colocaba la ropa con una mezcla de orina con cenizas y arcilla, siendo pisada una y otra vez por esclavos. La orina, rica en nitrogeno servia para ablandar las manchas, mientras que las cenizas, ricas en potasa, eran la lejía de la época, elevaban el pH de la mezcla, aumentando así su capacidad para limpiar y blanquear las telas. Por su parte, la arcilla, conocida por sus propiedades absorbentes, ayudaba a retirar las partículas de suciedad atrapándolas en su estructura porosa.
Fullonica en Pompeya

La mezcla se depositaba en unas piscinas (o vasija grande de barro) de las 'fullonicae' en las cuales se lavaba la ropa. La orina, al contener amoniaco, descomponía la materia orgánica de las manchas, mientras que las cenizas la absorbían. Para quitar los restos de suciedad se empleaba una arcilla llamada tierra de batán, conocida por sus propiedades absorbentes. Finalmente la ropa era enjuagada con agua y si todavía quedaban restos de suciedad se repetía el proceso las veces necesarias hasta obtener una limpieza total.

Si la ropa era blanca, se blanqueaba mediante cal. Se tendía para secarla y airearla, y se planchaba usando una prensa. También, si era necesario, se volvía a teñir y se arreglaban posibles desperfectos.



El trabajar en una 'fullonica' era considerada una tarea despreciable, especialmente aquellos que se dedicaban a limpiar la ropa mediante el pisoteado de esta en los de pósitos, tarea que realizaban esclavos o mujeres y niños de clase baja. Tampoco los propietarios de las 'fullonicae' gozaban de buena fama, aunque en su caso les importaba menos debido a la fortuna que hacían, puesto que el servicio era caro.

La orina que necesitaban las 'fullonicae' para prestar su servicio la obtenían, o bien, de unas vasijas que se colocaban junto a ellas y en las que cualquiera podía hacer sus necesidades, o bien las recogían de las letrinas públicas, e incluso se transportaba en ánforas desde otros lugares.

Dado lo fructífero de las 'fullonicae', un negocio tan rentable no podía escapar de la atenta mirada de la hacienda pública, por lo que se creó un impuesto sobre la orina, lo cual encareció aún más el servicio.

El emperador Vespasiano  vio una oportunidad de incrementar los ingresos fiscales estableciendo un impuesto sobre la orina, un recurso ampliamente utilizado en las fullonicae, al percatarse de la importancia de la orina como agente limpiador y blanqueador.

Según relata el historiador Suetonio, cuando Tito, hijo de Vespasiano, expresó su disgusto por el impuesto, Vespasiano le mostró una moneda y le preguntó si olía a orina. Al recibir una respuesta negativa, Vespasiano replicó: "pecunia non olet" (el dinero no huele), destacando que el valor del dinero no está manchado por su origen.


Como curiosidad, decir que el servicio era tan caro (4 sestercios por pieza), por lo que cuando se invitaba a alguien a cenar se le pedía que llevara su propia servilleta para ahorrarse el coste de la lavandería y a los comensales les compensaba llevarla porque en ella se llevaban los restos de la cena para comer al día siguiente.

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En el siguiente vídeo se tratan los secretos más ocultos —y muchas veces repugnantes— de la higiene en la Antigua Roma. Desde baños públicos compartidos sin privacidad, utensilios reutilizados por cientos de personas, raspados dolorosos con estrigíles2Un estrígil es una rascadera de metal larga y fina que en la cultura grecorromana los atletas usaban para limpiarse el cuerpo manchado de arena y aceite. Fue utilizado primero por los etruscos después de sus combates y posteriormente por los romanos, como forma de lavarse en sus termas. Debido a que hasta la época imperial desconocían el jabón, y nunca su uso estuvo muy difundido, los romanos se untaban el cuerpo en aceite y luego se lo retiraban con el estrígil. y hasta el uso de orina para lavar la ropa, descubrirás prácticas que hoy serían impensables... pero que eran totalmente normales en el imperio más poderoso del mundo antiguo.

Recorre este itinerario visual narrado por las termas, letrinas, 'fullonicae' (tintorerías) y hogares romanos para entender cómo vivían, se limpiaban, o lo intentaban, y cómo sus costumbres reflejan una civilización tan avanzada como contradictoria.

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