
El título de este tema es 'Leyendas de Ávila de los Caballeros' en vez de simplemente 'Leyendas de Ávila', ya que como solo Ávila es actualmente conocida la Ciudad Amurallada. La explicación es que el apodo de Ávila de los Caballeros no es solo un nombre romántico, sino un título histórico que resume el papel fundamental que tuvo la ciudad en la protección de la monarquía castellana durante la Edad Media.

Oficialmente, la ciudad ostenta tres títulos que aparecen en su escudo y explican su fama: "Ávila del Rey, de los Leales y de los Caballeros". El último título, con el que fue conocida la ciudad, 'Ávila de los Caballeros', le fue concedido por el rey Alfonso XI, que fue llevado a Ávila con apenas un año de edad para protegerlo de las intrigas nobiliarias (Ávila ya había prestado protección anteriormente al rey Alfonso VII - El Rey Niño). Se dice que fue custodiado en el cimorro de la Catedral (como curiosidad diré que este cimorrio está integrado en la muralla como un torreón defensivo más).
En resumen, la ciudad era conocida como 'Ávila de los Caballeros', porque era el hogar de poderosos linajes de guerreros y nobles que formaban una milicia urbana de élite. Estos caballeros no solo defendían la frontera contra los musulmanes, sino que eran los garantes de la seguridad de la Corona, y se la conoció así durante siglos hasta el censo de 1877, año en el que el nombre se simplificó legalmente a solo 'Ávila'.
Volviendo al fundamento del tema que nos ocupa, es decir, al de las leyendas que han surgido de esta ciudad que es una joya medieval reconocida como Patrimonio de la Humanidad, de una ciudad que no solo está hecha de piedra y granito, sino en la que sus muros custodian historias donde el amor, la traición y lo sobrenatural se entrelazan. Al ser una ciudad tan antigua, las leyendas son incontables y parte fundamental de su identidad.
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La leyenda del Rey Niño.-
La leyenda del Rey Niño es uno de los episodios más heroicos y románticos de la historia abulense. Se sitúa en el siglo XII, un periodo de intensas turbulencias políticas en el Reino de Castilla, y es la razón por la cual la ciudad de Ávila ostenta el título de 'Ávila del Rey' en su escudo, el cual podemos ver a la arriba a la derecha. A continuación relato esta historia de lealtad y murallas:
En 1158 fallece el rey Sancho III de Castilla, dejando como heredero a su hijo Alfonso VIII, que en ese momento apenas tenía tres años de edad, es decir, deja un reino sin heredero adulto.
Este vacío de poder desató una lucha feroz entre dos de las familias más poderosas de la nobleza castellana:
- Los Lara: Querían la tutoría del niño para controlar el reino.
- Los Castro: Sus eternos rivales, apoyados por el tío del niño, el rey Fernando II de León.
Ante el peligro de que el pequeño Alfonso fuera capturado por facciones que buscaban manipularlo (o algo peor), un caballero leal llamado Gutiérrez Fernández de Castro decidió trasladar al niño a un lugar inexpugnable. A tal fin se eligió Ávila, una ciudad conocida por su carácter guerrero y sus formidables murallas. El pueblo abulense juró proteger al 'Rey Niño' con su propia vida.
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Cuenta la leyenda que el rey de León, Fernando II, se presentó ante las murallas de Ávila exigiendo que le entregaran a su sobrino, alegando que él era su legítimo tutor. Los abulenses, desconfiados, se negaron. Sin embargo, para demostrar que el niño estaba a salvo y bien cuidado, idearon un gesto que pasó a la historia:
- Subieron al pequeño Alfonso VIII a lo alto del **Cimorro de la Catedral** (la parte de la catedral que está integrada en la muralla).
- Desde allí, lo mostraron a las tropas leonesas para que vieran que no estaba prisionero, sino bajo la protección de un pueblo que lo amaba.
Se dice que cuando los leoneses exigieron ver al niño más cerca, los caballeros de Ávila lo alzaron sobre sus hombros en las almenas. Este acto de desafío y protección marcó el carácter de la ciudad.
Como dato histórico se puede referir que Alfonso VIII creció en Ávila hasta que tuvo edad suficiente para empuñar la espada y reclamar su trono. Años después, sería el gran vencedor de la batalla de las Navas de Tolosa (1212), un momento clave de la Reconquista.
Esta leyenda es el orgullo de Ávila. Si te fijas en el escudo de la ciudad, verás la imagen de un niño (el Rey Niño) asomándose sobre el cimorro de la catedral. Es una de esas historias donde la piedra de la muralla y la historia de un niño se funden para crear la identidad de todo un pueblo.
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La Leyenda de Jimena Blázquez (La mujer que salvó Ávila).-
Comencemos narrando la leyenda en torno a la persona de Jimena Blázquez, la que la historia aprecia como la mujer que salvó Ávila. La historia de Jimena Blázquez es una de esas crónicas medievales donde la realidad y la leyenda se funden para dar lugar a una figura heroica fundamental en la identidad de Ávila.
Jimena era la esposa de Fernán López de Trillo, el entonces alcalde de la ciudad durante el siglo XII, en plena época de la Reconquista. Su fama no proviene de su linaje, sino de su astucia militar en un momento de crisis extrema. Crisis que se debe al hecho de que su marido y la mayoría de los hombres de armas de Ávila se encontraban fuera de la ciudad, participando en una expedición bélica (probablemente en la zona del Puerto de Menga, en la parte central de la provincia de Ávila).
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Al enterarse de que la ciudad estaba desprotegida, un ejército almorávide decidió sitiarla, aprovechando dicha debilidad. Ante la falta de soldados, Jimena tomó el mando y organizó una estratagema brillante: primero ordenó a todas las mujeres, ancianos y niños que se vistieran con las ropas y armaduras de los soldados que se habían quedado en la ciudad. Una vez así vestidos, les mandó colocarse en lo alto de las murallas, portando hachas, lanzas y teas encendidas. Por último, les pidió que hicieran el mayor ruido posible y tocaran trompetas para simular que la guarnición era numerosa y estaba lista para el combate.

Todo lo anterior resultó en que los exploradores musulmanes, al observar desde la distancia las murallas repletas de 'estos guerreros', informaron a su mando que la ciudad estaba fuertemente defendida. Creyendo que se enfrentarían a un ejército completo, los atacantes decidieron retirarse sin presentar batalla.
La leyenda sigue narrando que cuando Fernán López de Trillo regresó y supo lo sucedido, la gesta de Jimena fue celebrada como un acto de salvación providencial, acto cuyo legado se dice que, como recompensa, se concedió a las mujeres de Ávila el derecho a votar en el concejo (una rareza absoluta en la época) y a participar en la toma de decisiones locales en ausencia de sus maridos.
Jimena Blázquez es en la actualidad el símbolo de la resistencia abulense. Su figura representa la capacidad de liderazgo femenino en situaciones donde las estructuras tradicionales fallan.
Como dato curioso referiré el hecho de que aunque algunos historiadores debaten la veracidad exacta de los detalles (como ocurre con muchas leyendas de la Reconquista), la figura de Jimena Blázquez es tan respetada que cuenta con calles y monumentos en Ávila, y su historia se sigue transmitiendo como un pilar del orgullo local.
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Leyendas del Mirador de Los Cuatro Postes.-
La leyenda de los caballeros traidores (la más antigua y emblemática).-
Según la tradición, hacia 1157 Ávila sufría una terrible peste. Cuando la epidemia remitió, los abulenses organizaron una romería a la ermita de San Leonardo para dar gracias por haber sobrevivido. La ciudad quedó prácticamente vacía. Aprovechando la ausencia de la población, grupos musulmanes entraron en Ávila y saquearon todo lo que encontraron.
Al enterarse de que la ciudad había sido saqueada, los regidores Nuño Rabia y Gómez Acedo reunieron hombres para perseguir a los saqueadores.

Otra parte abandonó la misión y regresó a Ávila. Se encerraron dentro de la muralla y, cuando los verdaderos defensores volvieron con el botín recuperado, les negaron la entrada. Exigían quedarse con parte de las riquezas para abrir las puertas. Al conocer la traición, acudió el rey Sancho III de Castilla, entró en la ciudad, expulsó a los usurpadores y los condenó a vivir extramuros, sin privilegios ni títulos.
Para que este episodio no se olvidara, el concejo decidió repetir cada año la romería a San Leonardo, y al mismo tiempo levantar un humilladero en el camino, que con el tiempo sería conocido como Los Cuatro Postes.
La otra gran leyenda: Santa Teresa niña.-
Aunque menos antigua, otra historia muy popular cuenta que Santa Teresa de Jesús, siendo niña, intentó huir con su hermano Rodrigo hacia 'tierra de moros' para morir mártires. Su tío los interceptó precisamente en este lugar. Aquí habría pronunciado la famosa frase:
| "De Ávila, ni el polvo" |
La primera leyenda se considera la más importante porque explica el origen mismo del monumento, está documentada en múltiples versiones medievales y forma parte de la identidad histórica de Ávila: un pueblo que premia la lealtad y castiga la traición. La de Santa Teresa, aunque muy querida, es más tardía y simbólica.
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En el siguiente vídeo se cuentan tres leyendas de las ciudad de Ávila, esta son: la leyenda del Rey Niño, la de Jimena Blázquez y la de Los Cuatro Postes.
La leyenda del Mal de Amores (o de la Calle de la Vida y la Muerte).-
Esta es, posiblemente, la leyenda más trágica y romántica que esconden las piedras de la Catedral de Ávila. Se la conoce como la leyenda del 'Mal de Amores' (o de la 'Calle de la Vida y la Muerte') y mezcla el fervor artístico con una pasión prohibida. A continuación narro lo que sucedió entre los muros del templo:
En el siglo XVI, el pintor Cristóbal Álvarez recibió el encargo más importante de su carrera: trabajar en el magnífico retablo de la Catedral de Ávila. Mientras trabajaba en las tablas del altar, una joven de la nobleza abulense, Doña Beatriz Dávila, acudía diariamente a misa. Cristóbal quedó prendado de su belleza y, en un arrebato de inspiración y deseo, decidió usar el rostro de Beatriz como modelo para pintar la cara de la Virgen María en el retablo.
A través de miradas furtivas y breves encuentros a la salida del templo, ambos iniciaron un romance secreto. Sin embargo, en la Ávila de la época, la diferencia de clase social era un abismo insalvable:
- Él era un humilde artesano.
- Ella era una dama de uno de los linajes más poderosos de la ciudad (los Dávila).
El padre de Beatriz, al descubrir que un 'pintorcillo' pretendía a su hija y que, además, había osado retratarla en un espacio sagrado, montó en cólera y prohibió la unión.
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Existen dos versiones del final de esta historia, pero ambos marcados por la fatalidad:
- En la versión A se cuenta que sicarios contratados por el padre de Beatriz esperaron a Cristóbal en la callejuela que bordea la Catedral (la actual Calle de la Vida y la Muerte). Allí, en la oscuridad, lo apuñalaron por la espalda. Beatriz, al asomarse y ver el cuerpo de su amado, murió de la impresión o se recluyó en un convento hasta el fin de sus días.
- En la versión B se cuenta que, ante la imposibilidad de verse, Cristóbal se dejó morir de melancolía (el "mal de amores"). Justo antes de expirar, terminó el rostro de Beatriz en el retablo, dejando su belleza inmortalizada para siempre en el altar mayor, donde su familia tendría que verla todos los domingos sin poder evitarlo.

Actualmente, en la esquina de la plaza, en la fachada de la Catedral, hay una cabeza de mujer tallada en piedra que mira hacia la calle. Justo debajo, hay una calavera. Se dice que representa a Beatriz: arriba la belleza de la vida y abajo la realidad de la muerte, y en el Retablo Mayor de la Catedral, algunos guías locales aseguran que, si miras con atención las figuras femeninas del retablo, una de ellas destaca por tener un realismo y una dulzura diferentes, supuestamente el retrato de la amada de Cristóbal.
Esta leyenda simboliza el triunfo del arte sobre las normas sociales: aunque los amantes no pudieron estar juntos, el pintor logró que el rostro de su amada fuera venerado por toda la ciudad durante siglos.
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En el siguiente vídeo, producido por el Canal 8 de Televisión de Ávila' se cuenta esta leyenda de la Catedral.
La leyenda de Las Hervencias.-
La leyenda de Las Hervencias es uno de los relatos más sombríos y trágicos de la Ávila medieval. Se sitúa en el siglo XII, durante el convulso reinado de Alfonso VII, y mezcla la traición política con un castigo de una brutalidad extrema. Aquí te cuento los detalles de esta historia que marcó la toponimia de la ciudad:
La historia comienza con la minoría de edad del futuro rey Alfonso VII. En aquel entonces, dos facciones se disputaban la custodia del niño:
- Los partidarios de su madre, la reina Urraca de Castilla.
- Los partidarios de su padrastro, el rey Alfonso I de Aragón (El Batallador).
Ávila, fiel a la reina Urraca, protegía al joven príncipe tras sus murallas bajo la tutela de Blasco Jimeno, pero el rey aragonés, queriendo hacerse con el control del heredero, sitió la ciudad. Al no poder tomarla por las armas, recurrió al engaño. Prometió una tregua y pidió ver al niño para comprobar que estaba vivo y bien cuidado.
Para garantizar la seguridad de la comitiva real aragonesa, Ávila entregó a sesenta o setenta rehenes (según la versión), todos ellos jóvenes pertenecientes a las familias más nobles de la ciudad. Sin embargo, una vez que el rey aragonés tuvo a los rehenes en su poder, los abulenses se negaron a entregar al príncipe. Furioso por el fracaso de su plan, Alfonso I de Aragón decidió tomar una represalia ejemplar.
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El rey mandó instalar unos enormes calderos de aceite en una zona extramuros, a la vista de los defensores de la muralla. Allí, uno a uno, los jóvenes nobles de Ávila fueron arrojados vivos al aceite hirviendo. Se dice que los gritos de los jóvenes y el horror de sus familiares desde las almenas marcaron a la ciudad para siempre. De este suceso proviene el nombre de la zona: Las Hervencias, en recuerdo de aquellos que murieron 'hirviendo'.
La leyenda no termina con la masacre. Blasco Jimeno, sintiéndose responsable por haber entregado a los rehenes, salió de la ciudad junto a su sobrino para retar al rey aragonés. Aunque sabía que era una misión suicida, logró enfrentarse a la escolta real en las cercanías de Cantiveros. Blasco murió en el combate, pero su sacrificio se convirtió en un símbolo del honor abulense frente a la crueldad del 'Batallador'.
Actualmente, 'Las Hervencias' es un conocido barrio y polígono industrial de Ávila. Pocos de los que pasan por allí a diario recuerdan que el nombre evoca una de las ejecuciones más crueles de la Reconquista.
Aunque el conflicto entre Urraca y Alfonso el Batallador fue real y muy violento, los historiadores sugieren que la cifra de rehenes y el método de ejecución (el aceite) podrían haber sido exagerados por la tradición oral para enfatizar la villanía del rey aragonés.
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La leyenda de la Cruz del Reto.-
La leyenda de la Cruz del Reto es una de las historias más vibrantes de Ávila porque mezcla el honor caballeresco, la lealtad política y un desafío casi suicida. Se sitúa en el siglo XII, un momento de altísima tensión entre los reinos cristianos de España. A continuación te relato la crónica de aquel desafío que marcó la historia de la ciudad:
Tras la muerte de Alfonso VI, el trono de Castilla quedó en una situación precaria. El heredero era el pequeño rey Alfonso VII, que apenas era un niño. Su padrastro, el rey Alfonso I de Aragón (El Batallador), quería hacerse con la tutela del niño para controlar el reino de Castilla. Los nobles abulenses, leales a la corona castellana, se negaron a entregarlo y se encerraron tras las murallas para proteger a su legítimo rey.
Ante la imposibilidad de tomar la ciudad por la fuerza, el rey de Aragón solicitó una tregua para parlamentar. El caballero abulense Blasco Jimeno, acompañado por su escudero y sobrino Lope Núñez, salió de la seguridad de las murallas bajo un salvoconducto de paz. Sin embargo, al llegar al campamento aragonés (en una zona cercana al río Adaja), la tregua fue violada, ya que los aragoneses, enfurecidos por la negativa de los abulenses a entregar al niño, rompieron su palabra, y Blasco Jimeno y su sobrino fueron rodeados y asesinados brutalmente. Se dice que a Blasco le cortaron las manos y los pies antes de morir.
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![El monumento muestra la siguiente inscripción en la actualidad: '[Aquí] retó Blasco Jimeno, hijo de Fortín /Blasco al Rey D. Alonso el Primero/ de Aragón, porque contra su palabra/ y juramento hirvió en aceite sesenta/ cavalleros avileses que la ciudad le dio/ en rehenes, ofendido de que no le entre/gó al Rey Don Alonso el Sé(ptimo) que te/nia en guarda. Y acometido del exér/cito real murió como gran cavallero vendiendo mui cara su vida, dexando/ a los venideros memoria de su valor./Año de 1116. Quien dixere una Avemaría /por su ánima gana cuarenta días de/ perdón. El ape?co? la Torre de Velada mandó re/novar este padrón en? de se(p)tiembre/ de 165?.'](https://luisskier.com/wp-content/uploads/av_7-300x157.webp)
Cuando la noticia de la traición llegó a la ciudad, la indignación fue total. En lugar de amedrentarse, los caballeros de Ávila subieron a lo alto de las murallas. Desde las almenas, lanzaron un 'Reto' formal a todo el ejército de Aragón. Fue un acto de valentía extrema: una pequeña ciudad desafiando a campo abierto a un ejército real entero por haber faltado a la palabra de honor. Según la tradición, los abulenses gritaron que no descansarían hasta vengar la muerte de su embajador.
En el lugar exacto donde Blasco Jimeno fue martirizado, se erigió una cruz de piedra para conmemorar su lealtad, cruz que se encuentra en los alrededores de la ermita de San Segundo, extramuros, cerca del río Adaja. La cruz no solo marca un lugar de muerte, sino que es un símbolo del orgullo abulense. Para los habitantes de la ciudad, recuerda que Ávila prefirió arriesgarlo todo antes que entregar a su rey o dejar una traición sin respuesta.
Como curiosidad histórica indicaré que esta leyenda es la razón por la cual el escudo de la ciudad de Ávila reza el título de 'Ávila del Rey' (por estos hechos el rey Alfonso VI, otorgó a la ciudad este título) y 'Ávila de los Leales' (dos de los títulos que aparecen en el escudo de la ciudad (ver arriba)).
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La leyenda de Torreón de la Mula (versión San Pedro del Barco).-
Existen muchas leyendas sobre el torreón o cubo de la Mula, pero esta es quizás la más conocida, curiosa y querida de Ávila, pues mezcla la devoción religiosa con un toque de terquedad animal y destino divino. A continuación relate la historia de cómo un santo 'eligió' su lugar de descanso eterno de una forma bastante peculiar.
El Protagonista de esta leyenda es San Pedro del Barco (nacido en El Barco de Ávila en el siglo XI), eremita conocido por su vida ascética y su bondad. Según cuenta la tradición, vivió gran parte de su vida en comunión con la naturaleza. Al sentir que su muerte estaba cerca, surgió un dilema: ¿Dónde debía ser enterrado?
Dado que era un hombre santo, varias localidades reclamaban sus restos. Para evitar conflictos humanos, se decidió dejar la decisión en manos del 'juicio de Dios'. Se acordó colocar el cuerpo del santo sobre una mula ciega. El trato era sencillo: allí donde la mula se detuviera y golpeara el suelo tres veces, ese sería el lugar donde San Pedro del Barco recibiría sepultura.
La mula inició su camino desde El Barco de Ávila hacia Ávila capital. Al llegar a las murallas de Ávila, ocurrió lo inesperado:
- La mula no se detuvo ante las puertas principales.
- Se dirigió hacia un sector de la muralla (el actual Cubo de la Mula).
- En lugar de rodear la fortificación, la mula golpeó el muro con su pezuña, dejando una huella marcada en la piedra, y cayó muerta en el acto.

Ese punto exacto de la muralla pasó a conocerse como el Cubo de la Mula. Si te fijas bien al pasear por la zona exterior de la muralla (cerca de la Basílica de San Vicente), podrás ver una piedra desgastada que, según los abulenses, es la marca de la coz del animal. Aunque la mula marcó el muro, el cuerpo de San Pedro fue trasladado a pocos metros de allí. Actualmente, sus restos descansan en la Basílica de San Vicente, en una capilla dedicada a él.
Como dato curioso, se dice que durante siglos, los arrieros y viajeros que pasaban por el Cubo de la Mula solían tocar o besar la piedra de la 'huella' para pedir protección en sus caminos, manteniendo viva la conexión entre el santo y su fiel transporte.
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La leyenda del Torreón de la Mula (versión del Arriero y el Noble).-
Esta versión del Torreón de la Mula es una de las más curiosas y justicieras de Ávila. A diferencia de las grandes hazañas militares, esta historia tiene un tono más cotidiano y moralizante, centrada en la honestidad de un humilde arriero frente a la codicia de un noble.
La historia nos sitúa en el siglo XI, en los tiempos de la construcción de la Muralla de Ávila. Se cuenta que un caballero de la ciudad, encargado de supervisar un tramo de la fortificación, contrató a un arriero para que transportara piedras y materiales con su mula. Un día, mientras excavaban cerca de los cimientos para levantar un nuevo torreón, la mula del arriero tropezó o golpeó el suelo, dejando al descubierto un antiguo tesoro oculto, una olla llena de monedas de oro.
Al ver el tesoro, la avaricia del caballero se estimuló, y en lugar de repartirlo o entregarlo al rey como dictaba la ley, intentó quedarse con todo alegando que el tesoro se había encontrado en su 'jurisdicción' y que por lo tanto, el arriero no tenía derecho a nada por ser un simple trabajador.
El arriero, sabedor que sin su mula el tesoro jamás habría aparecido, reclamó su parte, pero el noble se negó a dársela. El caso llegó a oídos del mismísimo encargado de la repoblación de la ciudad, el conde Raimundo de Borgoña, el cual resolvió la disputa, lo que hizo según una de las dos versiones existentes:
- El Conde, al no haber testigos humanos, decidió llevar a la mula frente al torreón en construcción. Se dice que el animal, de forma casi milagrosa, señaló con su casco el lugar exacto del hallazgo o que, ante la presencia del noble mentiroso, se negó a moverse hasta que se hizo justicia.
- Otra variante cuenta que el caballero juró falsamente sobre la pared del torreón que el oro era suyo. En ese momento, la marca de una pata de mula apareció grabada en la piedra como prueba del perjurio.
En consecuencia, el Conde falló a favor del arriero. El caballero fue humillado y obligado a entregar la parte correspondiente. Para que nadie olvidara lo sucedido y para honrar al animal que fue más 'noble' que el propio caballero, el torreón fue bautizado como el Torreón de la Mula.
Aunque la leyenda es fascinante, lo cierto es que muchas de estas historias servían en la Edad Media para educar al pueblo sobre la importancia de la honradez y para recordar que, bajo el código de caballería, la avaricia era un pecado que deshonraba el linaje.
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La leyenda del Arco del Mariscal.-

La leyenda del Arco del Mariscal es una de las más truculentas y morales de Ávila. A diferencia de la anteriormente narrada de Jimena Blázquez, que representa la astucia, esta historia es un recordatorio sombrío de las consecuencias de la traición y la deslealtad. A continuación transcribo la crónica de lo que sucedió en esa puerta de la muralla:
La historia se sitúa en el siglo XV, durante los convulsos tiempos de las luchas nobiliarias en Castilla. El Mariscal Álvaro de Dávila era el encargado de la custodia de este sector de la muralla. A pesar de su cargo de confianza, el Mariscal se dejó seducir por las promesas de los enemigos de la ciudad (existen versiones que apuntan a bandos opuestos durante el reinado de Enrique IV). A cambio de una cuantiosa suma de oro y favores políticos, el Mariscal accedió a facilitar la entrada de las tropas enemigas a través de la puerta que él custodiaba.
El plan era sencillo: en el silencio de la noche, el Mariscal dejaría los cerrojos sin echar y las guardias relajadas para que el enemigo tomara la ciudad por sorpresa. Sin embargo, el complot fue descubierto justo a tiempo por los leales al Concejo de la ciudad. El Mariscal fue capturado en el acto, justo cuando se disponía a abrir las pesadas puertas de madera.
En la Edad Media, la traición se pagaba con la muerte, pero el castigo del Mariscal fue especialmente simbólico para que sirviera de advertencia a cualquier otro caballero:
- Fue ajusticiado allí mismo, en la propia puerta por la que pretendía permitir el paso.
- Según cuenta la leyenda, su cuerpo fue descuartizado y sus restos fueron colgados de las almenas y los ganchos del arco.
- A partir de ese día, el pueblo empezó a conocer esa entrada como el 'Arco del Mariscal', no para honrarle, sino para recordar perpetuamente el lugar donde un hombre de honor se convirtió en traidor.
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La leyenda de Hernando de Estrada.-

Esta leyenda no trata de batallas contra invasores, sino de un conflicto de honor y la intervención, según se dice, de lo sobrenatural. Tiene como escenario la Basílica de San Vicente, uno de los templos más sagrados y antiguos de Ávila. Veamos lo que cuenta esta leyenda:
Hernando de Estrada era un caballero abulense de gran linaje pero de temperamento impetuoso. La leyenda cuenta que, tras una disputa de honor con otro noble de la ciudad, Hernando terminó matándolo. Para escapar de la justicia y de la venganza de la familia del fallecido, se acogió a lo dictado por la 'ley sagrada' refugiándose en la Basílica de San Vicente. En la Edad Media, una vez que un perseguido cruzaba el umbral de una iglesia, las autoridades civiles no podían tocarlo sin violar la ley de Dios.
Hernando pasó semanas escondido en el templo. Se dice que, atormentado por la culpa y el miedo, pasaba las noches rezando junto al Cenotafio de los Santos Mártires (Vicente, Sabina y Cristeta), un monumento de piedra tallada que guarda los restos de los santos y que es famoso por su belleza y sus relieves.
Una noche, mientras Hernando dormía o rezaba profundamente, ocurrió lo increíble:
- Se cuenta que una de las figuras talladas en el cenotafio (o el espíritu de los santos) cobró vida o se le apareció en sueños.
- Los santos le recriminaron su acción, diciéndole que no podía haber paz para un asesino ni siquiera bajo el techo de Dios, a menos que purgara su pecado de forma sincera.
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Aquí la leyenda se entrelaza con otra tradición muy famosa de la basílica: la leyenda de la serpiente de San Vicente, y que cuenta que un judío rico que se había burlado de los mártires fue atacado por una serpiente que brotó de las piedras del cenotafio1Un cenotafio es un monumento funerario simbólico, una 'tumba vacía', erigido para honrar la memoria de una persona o grupo sin contener sus restos mortales., lo que provocó su conversión. En la historia de Hernando de Estrada, se cuenta que él presenció o sufrió una señal similar. El terror que sintió ante la manifestación divina fue tal que:
- Confesó su crimen públicamente renunciando a la inmunidad que le daba el templo.
- Entregó su fortuna para el mantenimiento de la basílica y el socorro de los pobres.
- Partió como peregrino o se alistó en las Cruzadas para buscar el perdón definitivo en Tierra Santa.
Como curiosidad diré que durante siglos, existió la creencia de que meter la mano en un hueco específico del cenotafio ayudaba a curar enfermedades o a jurar la verdad, basándose en la idea de que los santos de San Vicente no toleran la mentira ni el pecado oculto, tal como aprendió Hernando de Estrada.
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La leyenda de Santa Paula Barbada.-

La leyenda de Santa Paula Barbada es una de las historias más curiosas y singulares de Ávila, pues mezcla la devoción religiosa con un toque de 'justicia poética' frente al acoso. Es la historia de cómo un milagro físico se convirtió en el escudo de una mujer que solo quería vivir en paz. A continuación te cuento los detalles de este relato popular:
Paula era una joven abulense de una belleza extraordinaria y una profunda fe cristiana que vivió en el siglo XIV, en la localidad de Cardeñosa, apenas a 7 kilómetros de la ciudad de Ávila. Trabajadora, cultivaba verduras. Iba andando todos los días a la ciudad con la finalidad de vender sus verduras y ganarse así el sustento. Debido a su aspecto, tenía muchos pretendientes, pero ella había decidido consagrar su vida a la oración y la castidad.
La leyenda cuenta que un caballero de la ciudad se obsesionó con ella. Paula intentó rechazarlo de todas las formas posibles, pero el hombre, lejos de rendirse, se volvió cada vez más agresivo y persistente.
Una noche, el caballero logró localizarla mientras ella rezaba en la Ermita de San Segundo del río Adaja y comenzó a perseguirla con la intención de forzarla. Paula, al verse acorralada y sin escapatoria, se arrodilló ante un crucifijo y pidió ayuda divina para que su belleza desapareciera y así dejar de ser objeto del deseo de aquel hombre.
Según el relato, en ese mismo instante, comenzó a brotarle de la cara una barba espesa y larga. Cuando el caballero finalmente la alcanzó y la obligó a girarse, se quedó paralizado de terror y asco al ver el rostro de la joven cubierto por una barba de anciano. El hombre huyó despavorido, convencido de que Paula estaba maldita o protegida por fuerzas sobrenaturales.
Gracias a este cambio físico, Paula pudo vivir el resto de sus días en total tranquilidad, dedicada a la contemplación, sin que nadie volviera a molestarla por su aspecto.
Es una leyenda que siempre sorprende porque rompe con el canon tradicional de los milagros estéticos, mostrando a una mujer que prefirió sacrificar su belleza antes que su libertad y sus principios.
Puedes leer más sobre esta leyenda pulsando AQUÍ.
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La leyenda del Palacio de los Verdugo.-
Otra leyenda que también está relacionada con el mal de amores (como la de la calle de La Vida o La Muerte), es la leyenda del Palacio de los Verdugo, una de las más tristes y recordadas de Ávila, pues simboliza la rigidez de las clases sociales y el honor familiar de la época renacentista. A continuación te cuento los detalles de esta historia de amor prohibido:
El Palacio de los Verdugo, un palacio de poder, construido a principios del siglo XVI, es una joya arquitectónica. Sin embargo, su imponente fachada esconde un detalle que rompe la simetría: una ventana cegada con ladrillo y piedra.
Esta leyenda está protagonizada por una hija de la poderosa familia Verdugo, cuyo destino estaba trazado para casarse por conveniencia y linaje, y un joven militar de origen humilde, pero de gran valentía, que no pertenecía al círculo de la nobleza abulense.
Según la tradición oral, ambos jóvenes se enamoraron perdidamente. Dado que el padre de la muchacha jamás habría permitido tal unión, los amantes se citaban en secreto bajo el amparo de la noche.
- La joven se asomaba a una de las ventanas bajas de la fachada principal del palacio. Allí, protegida por la reja, conversaba durante horas con el capitán, quien permanecía en la calle.
- Una noche, el padre de la joven (o su hermano, según la versión) los sorprendió en pleno encuentro. La furia del patriarca fue inmediata ante lo que consideraba una mancha irreparable al honor de los Verdugo.
- No bastó con prohibirle volver a ver al soldado. Para enviar un mensaje claro a toda la ciudad y a la propia joven, el dueño del palacio ordenó tapiar la ventana por completo.
| Si esta ventana ha servido para deshonrar mi casa, que no vuelva a entrar por ella ni un rayo de sol ( Atribuido popularmente al señor del palacio). |
En la actualidad, si paseas por la calle de Lope Núñez, verás que en la fachada del palacio (donde hoy se encuentra la sede de Ciudades Patrimonio de la Humanidad y el Archivo Municipal) todavía se conserva esa ventana tapiada. Se mantiene así para recordar el trágico final de la joven, de quien se dice que pasó el resto de sus días recluida en la penumbra del palacio, mirando hacia la pared que antes fue su única vía de escape al amor.
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La leyenda del Sombrerón de la Catedral.-
La leyenda del Sombrerón de la Catedral de San Salvador es una de las más curiosas y 'escurridizas' de Ávila, ya que mezcla la arquitectura gótica de la Catedral con el folclore popular de los fantasmas nocturnos. A diferencia de las leyendas de caballeros o santos, esta tiene un aire más misterioso y callejero. Aquí tienes los detalles:
¿Qué es el Sombrerón? Si te sitúas frente a la Catedral (en la fachada norte, la que da a la plaza de la Catedral), y buscas entre los relieves de su exterior, encontrarás una figura pequeña y extraña: un hombre con un sombrero de ala ancha desproporcionadamente grande. Existen dos versiones principales sobre quién era este personaje:
- Una versión cuenta que representa a uno de los maestros de obra que trabajó en la catedral. Según la leyenda, el hombre estaba tan obsesionado con la perfección de la construcción que no descansaba ni de día ni de noche, por lo que ante la imposibilidad de terminar una sección compleja de la estructura, pidió ayuda 'al más allá', lo que fue castigado con su alma atrapada en la piedra de la catedral, vigilando eternamente que nadie dañe su obra maestra.
- Otra versión (la más popular entre los antiguos habitantes de Ávila), cuenta que el Sombrerón era un duende o un espíritu burlón que habitaba en los alrededores del cimorro (el cimorrio de la Catedral de Ávila, es un torreón defensivo de la muralla), y que aparecía en las noches cerradas de invierno, cuando la niebla de Ávila es tan espesa que no se ve a un palmo. Los trasnochadores decían ver una figura bajita, casi oculta bajo un enorme sombrero, que les seguía los pasos. No era un espíritu violento, pero sí pesado; se dedicaba a apagar los faroles de los transeúntes o a susurrarles al oído antes de desaparecer entre las sombras de los contrafuertes.

Esta leyenda refleja el miedo que inspiraba la catedral en la Edad Media durante las noches de tormenta. El sonido del viento filtrándose por las gárgolas y los pináculos creaba silbidos que los abulenses atribuían a las travesuras del Sombrerón.
Como dato curioso, indicaré que muchos niños de Ávila crecieron escuchando que, si no se dormían pronto, el Sombrerón bajaría de la piedra de la catedral para llevárselos a las almenas de la muralla.
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La leyenda del Amor (en la Catedral de San Salvador).-
La Catedral de Ávila, guarda en su interior una leyenda, la leyenda del Amor, se ha descubierto que el Pozo de la Puerta Norte, a cuatro metros de profundidad, hay una galería subterránea cuyas dimensiones aproximadas son 0,55m. por 0,65m. en dirección noroeste, es decir, hacia el Torreón frente a la Catedral.
En la baja Edad Media, en la mansión del Torreón, trabajaba como sirvienta una doncella por nombre Madrona; su aposento estaba en la parte baja de la torre, donde existía un pozo con brocal para cubrir las necesidades de agua de la casa.
Por aquel entonces trabaja en la cercana Catedral Jimeno, mozo ardientemente enamorado de Madrona quien a su vez respondía fervientemente a tan apasionado amor hasta tal punto que en ciertos momentos 'sudaba gotas de sangre'; ahora bien, la enemistad familiar les impedía dar a conocer su gran amor.
Jimeno, perdida la esperanza de ver a su amada, decidió quitarse la vida arrojándose al pozo de la Puerta Norte de la Catedral. Para su sorpresa, después de chapotear en las aguas frías encontró un pasadizo bajo las aguas, buceó un largo trecho y al fin, exhausto y desfallecido, sacó su cabeza por la oquedad del pozo del Torreón, en el instante en que Madrona se encontraba asomada a dicho brocal.
Desde entonces Jimeno, de acuerdo con su amada Madrona, repetía frecuentemente su arriesgada y osada hazaña de buceo.
Un desventurado día, estando Madrona asomada al brocal del pozo, sintió a su espalda la voz de un familiar que estremeció su corazón: “Para que sangres con motivo” oyó antes de recibir las mortales heridas de quien, con un puñal en nombre de la honra familiar quiso poner desgraciado y triste final a un amor casi heroico.
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